Un torneo de diversión más allá del tablero


La mañana del sábado 9 de abril se despertó con una gran noticia. El segundo Festival MCC se jugaría en Conocoto. El profe Lizardo y su hermano Juan viajaron desde Manabí la noche del viernes. Los dedos cruzados con la esperanza que no hubiera algún percance en el camino.


Desde muy temprano, el ingeniero Édison los esperaba en la sala de juego. Con amabilidad y paciencia les dio un recorrido por las distintas partes de la institución que podrían usar los estudiantes y padres para el evento. Antes de irse dijo que estaban en su casa y si había alguna eventualidad, le llamaran.



Las mesas y sillas vestidas de blanco y amarillo empezaron a llenarse de tableros y relojes. Los pasillos de la unidad educativa La Salle esperaban en silencio la llegada de los jugadores. De pronto, el silbido que causan los zapatos al rozar con la cerámica anunciaron que el evento estaba a punto de iniciar.


Desde Quito, Sangolquí, Latacunga, Santo Domingo y Plan Piloto llegaron los rostros alegres. Algunos por primera vez en competencia, recién salidos del curso inicial. Otros con sabor a revancha porque la vez anterior llegaron tarde. Vinieron acompañados de mamá, de papá, del abuelito, de la tía y por primera vez en un evento del club ¡llevaron a sus mascotas!


Al profe Lizardo se le olvido descargar el java para el software de emparejamientos. Ahí sobre la marcha y sudando frío, cruzaba los dedos más que antes porque sin programa, no hay torneo. El complemento se instaló dejando listo el terreno para empezar el evento con 15 minutos de atraso.



Antes del estrechón de manos inicial, se hizo una breve dinámica para que los jugadores se presenten. Algunos tímidos decían su nombre en un micrófono de funcionamiento extraño. La conclusión fue sencilla: el plato de comida favorito de la mayoría de los niños es la pizza.


Ahora sí, resuelto la parte técnica y con los niños, que ahora sí conocían los nombres de sus compañeros, inició la primera ronda. Quince minutos en el reloj con una bonificación de 5 segundos por jugada. Empezaron a marcarse los primeros mates. Algunos sorprendían al rival en pocas jugadas ante la mirada de los padres que espectaban de cerca.



Entre ronda y ronda, los niños jugaban en el césped. Corrían porque a esa edad el cansancio es una palabra que no tiene sentido. De pronto una lluvia que duró lo que un trole demora en cada parada. Las rondas avanzaron con normalidad. Algunas jugadas ilegales de rigor y mates elegantes.


Al concluir la última ronda, se preparó todo para la premiación. Un agradecimiento especial a los niños y padres por pertenecer a la institución. Las medallas, diplomas y trofeos fueron entregados de sus madres a sus hijos. Con la despedida de la tarde y las emociones propias de un torneo se cerró el telón de la primera parada del Segundo Festival del Manabí Chess Club.


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